Tras 15 años del mismo signo polÃtico, el municipio atraviesa una crisis de identidad. Entre excepciones inmobiliarias, un hospital en declive y una seguridad basada en el marketing, la gestión actual parece más enfocada en la proyección provincial de la Intendente que en la realidad de sus barrios.
Vicente López supo ser un modelo de gestión y calidad de vida. Sin embargo, el paso del tiempo y la permanencia ininterrumpida de un mismo color polÃtico (PRO) durante una década y media han comenzado a pasar factura. Lo que alguna vez fue dinamismo hoy se percibe como desgaste, y lo que era cercanÃa se ha transformado en un preocupante alejamiento del gobierno municipal respecto de las necesidades reales de la gente.
El avance del cemento: El fin del Código de Ordenamiento Urbano?
Uno de los puntos más crÃticos de la gestión actual es el manejo del espacio público y el desarrollo inmobiliario. Bajo la bandera del progreso, las excepciones al Código de Ordenamiento Urbano (COU) se han vuelto la regla eterna y no la excepción.
Esta práctica sistemática no solo alteró definitivamente la fisonomÃa de nuestros barrios residenciales, sino que colapsa servicios y destruye la identidad. Es el precio de la cuenta que hoy todos pagamos de priorizar los negocios inmobiliarios por sobre el bienestar de los vecinos que eligieron este distrito por su tranquilidad y su escala humana.
Una gestión con la cabeza en otra parte.
Es cada vez más evidente que la actual Intendenta conduce el distrito con el espejo retrovisor puesto en la Provincia y la mirada fija en su propio despegue polÃtico. La gestión municipal parece haber quedado en segundo plano frente a su ambición provincial y su necesidad de diferenciarse o distanciarse del Jefe de Gobierno porteño según sople el viento polÃtico. Mientras se dirimen internas partidarias y se construyen candidaturas a un año y medio de las elecciones, el vecino de a pie siente que el Palacio Municipal le queda cada vez más lejos. La polÃtica local se ha convertido en un trampolÃn personal, dejando huérfanas a las problemáticas cotidianas de cada uno de los barrios pero en particular de Carapachay, Munro, Olivos o Florida.
Salud y Seguridad: La deuda interna.
El sistema de salud municipal, que supo ser orgullo de la región, hoy muestra señales de un deterioro alarmante, escondido bajo un maquillaje que se derrite al sol. Contamos con un hospital municipal que por recursos y capacidad deberÃa estar compitiendo con los mejores centros de salud del paÃs. La falta de inversión real en infraestructura y la precarización del servicio médico son realidades que no se pueden tapar con comunicados oficiales.
En la misma lÃnea se encuentra la seguridad. En Vicente López, la prevención del delito parece haber quedado en manos del marketing. Patrulleros ploteados y cámaras de vigilancia son herramientas útiles, pero resultan insuficientes si no forman parte de un plan integral, coordinado con la PolicÃa Bonaerense, que vaya más allá de la estética publicitaria. La seguridad se siente, no se promociona; y hoy, el vecino no se siente seguro.
El peso del Estado: Asfixia impositiva y tasas arcaicas.
Finalmente, es imperativo hablar de la economÃa del vecino. Vicente López sufre una asfixia impositiva que ya no encuentra justificación en la contraprestación de servicios.
Pluralidad de tasas: Existe una maraña de contribuciones y tasas que complican la actividad económica local.
Tasas arcaicas: Se mantienen cobros obsoletos que solo sirven para engrosar las arcas municipales a costa del esfuerzo de comerciantes y residentes. Combatir esta presión tributaria es una urgencia. Es necesario eliminar aquellas tasas arcaicas que ya no tienen razón de ser y alivianar la carga de quienes apuestan por el distrito.
Vicente López necesita recuperar su eje. 15 años de un mismo signo polÃtico han generado una inercia donde el vecino pasó a ser un espectador de la ambición de sus dirigentes. Es hora de volver a poner el foco en la gestión local, en la transparencia urbana y en un Estado municipal que acompañe en lugar de asfixiar.
