Municipales
[ Por Pablo Vitale ]
El año 2015 marcó un antes y un después en la historia política de la provincia de Buenos Aires. En el corazón de la Primera Sección Electoral, Gustavo Menéndez lograba una gesta que muchos consideraban imposible: derrotar en las urnas a Raúl Othacehé, el último "barón" del PJ que había gobernado Merlo con mano de hierro durante 24 años. Sin embargo, el triunfo fue solo el inicio de un desafío titánico ante un municipio devastado.
La herencia del "feudo": violencia y abandono
Lo que Menéndez encontró al asumir no fue solo una crisis administrativa, sino un sistema diseñado para el atraso y el control social. Los números de la herencia resultaban escalofriantes:
Infraestructura: Un 90% de calles de tierra, dejando a barrios enteros aislados ante cada lluvia.
Salud y Sociedad: Un sistema sanitario desmantelado, con indicadores de atención comparables a los de países con crisis humanitarias.
Corrupción Estructural: Un sistema de extorsión a comerciantes profundamente aceitado y una recaudación paralela que desviaba el 70% de los ingresos que debían ir a las arcas municipales.
Violencia Política: Un mecanismo de persecución y violencia física hacia la oposición que no registraba precedentes en la democracia argentina moderna.
El orden tras el caos: Reconstrucción y Descentralización
El primer paso de la gestión Menéndez fue la reconstrucción del sistema administrativo burocrático, una tarea invisible pero fundamental para transparentar los fondos públicos. Una vez ordenadas las cuentas, el foco se puso en la obra pública y la cercanía.
Dada la enorme extensión territorial de Merlo, se dio un impulso estratégico a la Secretaría de Delegaciones. Esta decisión no fue azarosa: buscaba acercar el Estado municipal a cada localidad, rompiendo con la centralización que históricamente había dejado a la periferia en el olvido.
La fe como motor político: El Pacto de Padua
Entendiendo que la reconstrucción de Merlo requería no solo cemento, sino también una base ética y espiritual, Menéndez impulsó el Pacto de San Antonio de Padua. Este documento, avalado por el Papa Francisco, se convirtió en una guía de políticas públicas basadas en el cuidado de la "Casa Común", la lucha contra el narcotráfico y la protección de los más vulnerables. Fue el puente entre la gestión política y la necesidad de devolverle la esperanza a una ciudadanía golpeada.
El desafío de gobernar "en soledad"
La transformación de Merlo no fue lineal. Durante su primer mandato, Menéndez debió gestionar con una gobernadora de signo opuesto, María Eugenia Vidal, y un presidente como Mauricio Macri. Esta coyuntura política complicó gran parte de su vocación transformadora, limitando los recursos y obligando al municipio a resistir el impacto de políticas nacionales que golpearon con fuerza al tejido social del Conurbano.
El futuro: ¿La tercera re elección será la "histórica"?
Merlo no es un distrito más; es el gran elector de la Primera Sección, el territorio con mayor caudal de votos que define el rumbo de la sección. Con este peso a sus espaldas, la figura de Menéndez vuelve a estar en el centro de la escena ante la posibilidad de una reforma que habilite las reelecciones en la Legislatura bonaerense. De aprobarse, es muy probable que Menéndez busque completar un cuarto mandato. La pregunta que resuena en los pasillos de la política es si, emulando aquella promesa de Menem en 2003, Menéndez convertirá a su tercer re-elección en la "histórica" capaz de consolidar definitivamente el cambio de era en Merlo.
El escenario parece estar listo: un Merlo que mira al futuro pero que no olvida el pasado nefasto. ¿Veremos nuevamente a Menéndez recorriendo cada rincón del distrito con la mística de aquella campaña que destronó al autoritarismo? Todo indica que la historia de la reconstrucción de Merlo aún tiene capítulos cruciales por escribir.