En el complejo escenario de la geopolÃtica actual, la situación de Irán se presenta como un desafÃo que obliga a las naciones a definir sus posturas no solo por conveniencia, sino por principios. Esta definición debe hacerse, irremediablemente, con una mirada crÃtica sobre las instituciones internacionales.
La religión no es el verdugo, si lo es la tiranÃa.
Es fundamental establecer una distinción ética: el respeto al culto islámico, mayoritario y profundamente arraigado en la identidad iranÃ, no puede ser utilizado como un escudo retórico para mantener a la barbarie en pleno goce de salud. La fe de un pueblo no debe ser el obstáculo que impida la intervención ante violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Debemos ser claros: las religiones no asesinan a sus ciudadanos, son los tiranos quienes lo hacen, independientemente de la fe que profesen. El uso del dogma, como herramienta de opresión, es una perversión que Occidente debe señalar sin caer en la xenofobia, pero sin ceder en la defensa de la dignidad humana.
El ocaso de la diplomacia multilateral.
La inacción frente a estos atropellos tiene un responsable directo: el sistema multilateral. Las Naciones Unidas llevan décadas evidenciando un fracaso estructural en su objetivo primordial de mantener la paz y la seguridad. La lista de conflictos en las que estado ausente es extensa y dolorosa:
Irak y Afganistán: Intervenciones fallidas y vacÃos de poder.
Yugoslavia: La incapacidad de prevenir limpiezas étnicas a tiempo.
Cuba y Venezuela: Una parálisis diplomática que perpetúa regÃmenes autoritarios en nuestra región.
Ucrania: La impotencia ante la ruptura de la soberanÃa territorial.
Este escenario demuestra que en el mundo ha dejado de regirse por el derecho internacional para convertirse en un tablero de ajedrez donde juegan las potencias, ante la mirada de las instituciones internacionales que aparecen como figuras decorativas frente a conflictos internacionales.
La Argentina: Hacia un alineamiento racional, no incondicional.
En este reordenamiento del poder mundial, la Argentina se encuentra en una posición delicada. Si bien nuestra pertenencia histórica y cultural está en Occidente, la polÃtica exterior debe ejecutarse con "cuidado quirúrgico".
El alineamiento con Occidente y, especÃficamente, la relación con los Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, no puede traducirse en una entrega de la voluntad nacional. Alinearse no debe ser someterse. El diálogo racional debe primar sobre la obediencia. La relación debe basarse en el respeto mutuo y el beneficio estratégico de nuestra nación.
Un alineamiento incondicional nos quita margen de maniobra y nos expone a conflictos ajenos sin obtener las garantÃas necesarias para nuestro desarrollo.
¿Debe Irán dejar de violar los derechos humanos? Absolutamente. Pero la respuesta argentina no debe ser el seguidismo automático, sino una polÃtica de Estado que defienda la libertad y la vida, basada en la racionalidad y el interés nacional, lejos de cualquier forma de sumisión diplomática.
Si EEUU decide intervenir de manera unilateral en Irán, la Argentina debe apoyar? Si, pero con reparos.
