Resulta paradójico, casi esquizofrénico, que el fútbol argentino viva su era de mayor prestigio internacional mientras su liga local se hunde en la precariedad. Tenemos una Selección campeona del mundo, respetada y envidiada en cada rincón del planeta, pero puertas adentro, el espectáculo nacional está cooptado por una estructura dirigencial que parece solo preocupada por no ir presa que por la pelota.
Es hora de jubilar el romanticismo hipócrita. Nos venden que los clubes son "entidades de bien público", pero la realidad es que muchos funcionan como sociedades comerciales encubiertas de sus dirigentes. El club no es de los socios; es de la facción de turno que lo utiliza como trampolÃn polÃtico o caja de ahorros personal. Mientras se llenan la boca hablando de "función social", las cuentas no cierran y el patrimonio se diluye.
En este escenario, las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) aparecen no como una solución mágica, sino como un ejercicio de honestidad. La SAD permite transparentar los flujos de dinero: si hay un dueño o un inversor, hay responsabilidad legal y patrimonial. Se termina la impunidad de vaciar un club y marcharse sin consecuencias.
Basta con recorrer las canchas del paÃs para ver que nuestros estadios dan vergüenza. Salvo honrosas excepciones, la infraestructura es obsoleta, insegura y carece de los servicios mÃnimos para un espectador que paga entradas de lujo.
A esto se suma la justicia deportiva, o la falta de ella:
Arbitrajes: Hoy es imposible distinguir si un árbitro es simplemente pésimo o si actúa bajo instrucciones teledirigidas desde algún despacho.
El VAR: Una herramienta que nació para la justicia y terminó convertida en un ente sospechoso, donde las lÃneas se trazan con discrecionalidad y el misterio reina sobre las decisiones que cambian destinos.
El maltrato hacia el hincha es total. Jugar un lunes a las 15hs, un miércoles a las 22hs o repartir una fecha a lo largo de cinco dÃas es un atentado contra la cultura del fútbol. Hemos perdido el ritual. La solución es volver a las fuentes con una Primera jugando los Domingos por la tarde, en simultáneo y el Ascenso los Sábados.
El desorden actual solo beneficia a la televisión y a los intereses de la AFA, ignorando al hincha que es quien como apasionado o consumidor sostiene este deporte.
El fútbol argentino no puede seguir viviendo del recuerdo de Qatar mientras su liga se desmorona. Sin transparencia en la gestión, sin infraestructura digna y sin el respeto al hincha, seguiremos siendo un paÃs exportador de talento que se niega a organizar su propia casa. El cambio no es opcional, es urgente.
